Continuamos con el repaso de la saga Tomb Raider de manos de Crystal Dynamics. En esta ocasión, y siguiendo con la cadencia del estudio, daremos el salto hacia el pasado, hacia la reimaginación de la primera entrega. ¿Qué tal le sienta el lavado de cara a una aventura que, ya para ese entonces, tenía más de diez años? ¿Seguirá aguantando el tipo casi veinte años después de su publicación?
Contexto
En 2006, Crystal Dynamics volvió a situar a Lara Croft en todo lo alto. Tomb Raider: Legend había recuperado la esencia que se recordaba de nuestra saqueadora de tumbas favoritas y dejaba de lado el amargo sabor de su quinta entrega. Un año después, mientras esperábamos la resolución del cliffhanger de la entrega anterior, el estudio decidiría suavizar la espera trayendo de vuelta la aventura que mostró al mundo de lo que era capaz Lady Croft en un remake que, en el propio título, se indica que no lo es.
Quizá no estábamos acostumbrados a estas prácticas en una industria que, por el contrario, ha abrazado el remake como una forma constante de mantener a flote títulos que formaron parte de nuestra infancia y juventud. También se hicieron remakes con juegos con menos de una década de antigüedad, pero eso es una historia para otro análisis. Llamarlo reimaginación es, a su manera, la forma más suave de evitar críticas por no continuar directamente la entrega previa.
Dicho esto, y con la curiosidad de no tener una edición que conmemora los once años de la franquicia en lugar de los diez esperables, comencemos.
Premisa
En Tomb Raider: Anniversary nos reencontramos con esa aventura fundacional de la saga. Un argumento que sigue fielmente el de la entrega de PlayStation con ligerísimas diferencias.
Jaqueline Natla, fundadora de Natla Technologies, hará un encargo muy especial a Lara Croft, encontrar el Scion de la Atlántida, un artefacto de la mítica civilización y que, a su vez, se convierte en una fuente de inmenso poder. Nuestra protagonista, que no sabe decir que no, aceptará el encargo y buscará el objeto que su padre nunca llegó a localizar.

Con esta premisa tan sencilla, dará comienzo un viaje hasta Perú, Grecia o Egipto. También será este argumento el que lleve a una meteórica Lara Croft a extinguir a los dinosaurios, pero eso es algo que debe descubrir el jugador.
Gameplay
Es injusto comparar un título con el videojuego en el que se basa, pero las mejoras en el gameplay con respecto a esa primera aventura se agradecen muchísimo. Hablamos de una aventura que se centra más en la exploración, la resolución de puzles y el plataformeo que en la acción desenfrenada. Es curioso que aquí haya tantos animales enemigos y tan pocos humanos pero, aun así, la posibilidad de hacer esquivas perfectas y movernos por el escenario sin controles de tanque permite disfrutar mucho de lo que, más allá de la nostalgia, era abominable.

En entregas anteriores, un solo pixel podía suponer la diferencia entre alcanzar nuestro objetivo o perecer en el intento. Aquí, aprovechando y mejorando lo presentado en Tomb Raider: Legend, la precisión del salto es mayor y da un respiro, especialmente en secuencias de gran tensión y persecuciones.
Es, de hecho, mucho más agradable que la entrega del año anterior. Se apunta mejor, se salta mejor y la exploración es mucho más interesante. Lejos de encontrar puzles sencillos o tener que buscar la llave de una puerta en la misma habitación que esta, hay que ser uno con el escenario y, gracias al cambio de hardware, ahora no se perdían los objetos entre las texturas como sucedía en el original.
Tal y como comentase en el análisis de Tomb Raider: Legend, en caso de jugar a la versión de PC recomiendo el uso de teclado y ratón. El mando no termina de estar bien implementado y puede hacer cosas raras. No hay un gran problema con esto dado que, al pulir la jugabilidad y la precisión de los controles, acostumbrarse es cuestión de minutos.
Algo a destacar es lo bien que sienta el uso del gancho a la exploración. Ya lo habíamos probado en la entrega anterior pero aquí brilla con luz propia.
Apartado técnico
Una de las cosas que más me gusta de jugar a un videojuego con la distancia es cómo cambia la perspectiva. Aventuras que recordaba visualmente impactantes acaban siendo desconcertantes, escenas épicas pierden impacto o efectos impresionantes parecen de cartón piedra. No me ha sucedido con Tomb Raider: Anniversary, que ha envejecido gráficamente como el buen vino.
Por supuesto, no pasa como un juego de la actual generación, faltaría más, pero es sorprendente cómo mejora todo lo visto apenas un año antes. Las texturas son maravillosas y, sobre todo, el diseño sonoro.
El sonido, un aspecto al que muchas ocasiones no prestamos mayor atención, es uno de los grandes protagonistas. De alguna forma, convierte la carencia de enemigos humanos en la virtud de trasladarnos a una exploración solitaria, con el eco de una cueva o la pisada de un animal salvaje.
Lo peor
La falta de variedad en atuendos
Puedo pecar de simple, pero siempre me ha gustado ver cómo los protagonistas se van cambiando los trajes a lo largo de la aventura. Podía entender esta falta en 1996, pero en 2007 ya teníamos experiencia en este sentido y a mí me puede fascinar encontrarme con Lara en su mítico conjunto de pantalón corto y top verde pero, quizá peque de friolero, no me funciona por temas de inmersión verla así en la cima de una montaña helada.

Tonterías, quizá, pero sentir esa falta de mimo en un aspecto tan básico me desluce una experiencia que, por otro lado, me ha dejado un sabor de boca magnífico.
Los modos de dificultad
La dificultad, por norma general, no suele ser algo que me afecte demasiado y, además, siempre agradezco que un título ofrezca la posibilidad de seleccionar la dificultad en la que jugar. En este caso a duras penas se nota la diferencia más allá de la cantidad de botiquines que acumulemos de cara al final dado que los enemigos no son ni los más duros ni los más inteligentes.
¿Qué le pasa al color?
A finales de la primera década de los 2000, por algún motivo ajeno a mi comprensión, comenzó a relacionarse el uso de una amplia paleta de colores con falta de realismo y la solución fue hacer todo más oscuro, apagado. Esta moda que, por suerte, fue desapareciendo, permeó y arrebató gran parte del carisma de Tomb Raider. Buscando un acercamiento más cinematográfico, olvidaron que trabajaban en un videojuego.
Lo mejor
Lara Croft
Posiblemente sea el apartado que más se vaya a repetir a lo largo de esta recapitulación de la franquicia pero, de verdad, no se puede molar tanto. Sí, está creada para ello pero, más allá de caer en un efecto Poochie, consigue ser icónica incluso estando quieta. Esta sensación va mucho más allá de ser, simplemente, sexy. Hablamos de una antiheroína irónica, chulesca, egoísta, tremendamente ágil e inteligente.
Volver a buscar el Scion me ha hecho recordar por qué todo el marketing de las entregas originales se basaban en Lara más que en la aventura y el motivo por el que, treinta años después, hay gente esperando con ansia una nueva entrega.
Su arte es para volverse loco
Una cosa que me ha sorprendido gratamente ha sido encontrarme a mí mismo contemplando el escenario, disfrutando de los diseños de esos dinosaurios y echando en falta un modo foto. Es fascinante como una aventura de acción tan sencilla en principio, tiene tanta potencia a la hora de agarrarte y llevarte a un mundo al que los años le han pesado gráficamente.
Hay aspectos que los avances tecnológicos dejan atrás pero estos detalles seguirán ahí pese a la llegada de las distintas generaciones. Lástima el cambio en la paleta de color
Duración

En un par de tardes puedes completarlo y, lejos de quedarte con ganas de más, se convierte en la perfección en este sentido. Da gusto saber que el ritmo de una aventura está tan bien medido que nada le falta y nada le sobra. Apenas 10 – 12 horas son suficientes para disfrutar de la campaña al completo, un poco más si queremos conseguir todos los coleccionables.
Además, de nuevo, se suma la opción de la Mansión Croft tal y como se nos mostrase en las entregas clásicas, aumentando la duración de esta gozada.
Conclusión
Esperaba decepcionarme y manchar el recuerdo tan grato que mantenía desde los doce años pero, más allá de algún detallito que he tenido que rebuscar, lo ha alterado a mejor. Sí, es mucho mejor de lo que recordaba.

Opiniones del autor
No suelo disfrutar al volver a juegos que hace años que no toco por lo que suele conllevar. Los recuerdos son traicioneros y uno ya está curtido como para seguir sorprendiéndose.
Me he sorprendido.
Solo puedo decir que, más allá de todo lo bonito que puede sentir el Javi de taitantos, ha sido el Javi de 12 años el que ha disfrutado, ha jugado y se ha divertido. Esto solo lo puede conseguir Tomb Raider.
¿A quién le recomendaría este juego?
Si conoces a Lara Croft por las películas y serie o si nunca has llegado a probar una de sus aventuras, no lo dudes, es el punto de entrada perfecto. Cierto es que tendrás que cambiar el chip al empezar, especialmente de cara al control, pero es una aventura que entra como el agua fresquita en un día de agosto.
