Llegas a casa, no tienes tarea del cole y tus padres te dejan toda la tarde libre. Enciendes el ordenador, abres Steam y, con él, el juego gracioso de turno consistente en clicar un plátano, o una banana, lo que sea. Lo dejas en segundo plano como otro clicker mientras vas a hacer otras cosas.
Es julio de 2024 y estás completamente delusional.
Si le has estado prestando atención a las redes sociales últimamente, es posible que te hayas dado cuenta de que hay un pequeño impostor en los videojuegos más jugados de Steam. Tienes el Counter Strike 2, el Elden Ring gracias a su nuevo DLC, el DOTA 2… Y, de repente, Banana. Un Free to Play que acumula muy buenas reseñas en Steam, pero cuyo gameplay es como un clicker.
Como un clicker, pero sin animaciones —más allá de un «+1»—.
Como un clicker, pero sin ningún tipo de audio.
Como un clicker, pero sin mejoras.
Solo tienes que darle clic a un plátano y hay un numerito subiendo que te dice cuántos clics has dado. Algo huele raro.

¿Qué es Banana, en realidad?
Realmente, Banana cumple muy bien lo que anuncia en su descripción de Steam. Es un clicker en el que le haces clic a un plátano. Pero la parte con truco viene a continuación: cada 3 y 18 horas, consigues un plátano para tu inventario de Steam. Ya sabes, esos artículos de Steam que puedes vender por unos pocos céntimos.
Entonces, ¿ya está? ¿La gente está dejándose el juego abierto para farmear plátanos para su inventario y conseguir unos míseros 3 céntimos cada tres horas —y ni siquiera, porque suerte para vender un artículo tan común—? Sí y no. Resulta que Banana tiene un pequeño componente de azar, ya que te puede tocar un plátano básico o uno súper raro, y este último vale más —estamos hablando de que, a fecha de estar escribiendo este artículo, la Crypticnana se vende a partir de los 978,58€—. Aunque también los hay que se quedan con uno raro y se esperan a que se agoten para ponerlos a la venta en ese momento.

Sobra decir que nadie está jugando a Banana por su apasionante gameplay, sino por la posibilidad del dinero fácil. Los jugadores de Banana son, en su gran mayoría, bots que se están farmeando plátanos para intentar sacar algo de dinero.
Ya hay que ser delirante.
¿Hay alguien que esté ganando con Banana?
Tal vez exista alguna persona que consiga una Crypticnana y la ponga a la venta. Y tal vez haya alguna persona con serios problemas de complecionismo o de adicción al juego que decida comprar dicha Crypticnana. Durante todo ese proceso, habrá habido millones de plátanos normales que habrán sido vendidos en el mercado de Steam por míseros céntimos. Sin embargo, esos céntimos no se los queda el usuario en su totalidad.
Los desarrolladores de los videojuegos se llevan una pequeña comisión por cada artículo vendido de su juego, al igual que también se la lleva Steam. Y las políticas para crear artículos de este estilo que vayan a tu inventario personal son muy poco concretas. Es decir, que el creador del «juego», a priori, podría enviarle a dedo algún plátano raro a sus conocidos, o integrar algún tipo de patrón para conseguir otro y, con eso, romper el mercado.
Vamos, que cuantas más transacciones de plátanos haya en Steam, más feliz será su creador y la propia Steam.
Pero… ¿Por qué nadie iría a comprar plátanos?
El punto positivo de esto es que parece que la fiebre está amainando. Cada vez hay más plátanos que valen tres céntimos —la cantidad mínima posible en Steam para estos artículos— y se hacen menos compras, en general. Porque, seamos realistas, ¿para qué querría el usuario promedio comprar un plátano virtual de un videojuego que ni siquiera es tal? Para absolutamente nada.
Sin embargo, cuando existe la posibilidad de especular, la cosa cambia. Quizás quieras comprar un plátano que —en teoría— es raro porque solo se han creado 25, y así poder venderlo más tarde por más valor porque subirá la demanda de plátanos virtuales.
Al final, esto se resume en FOMO y en una posibilidad de hacer toneladas de dinero que solo le va a llegar al creador del juego, al cual le ha salido redondo el intentar jugar con la capacidad especulativa de las personas. De los NFTs de monos hemos pasado a plátanos, pero sin tecnología blockchain y, encima, en Steam.
Quizás Banana aguante unas semanas más porque se sigue hablando de ello y genera curiosidad —yo mismo me he descargado el «juego» a ver qué ocurría, sobra decir que no he conseguido nada que merezca mención—, pero seguramente poco tiempo pasará hasta que las personas respiren un momento y se den cuenta de que no tienen ninguna necesidad de comprar plátanos crípticos. Y, a partir de ahí, ya conocemos la historia.
