Tras el exitazo que supuso el primer God of War, y cumpliendo con la promesa final de la primera entrega, Sony Santa Mónica nos traería God of War II en 2007. Siguiendo con la tónica habitual de las secuelas, todo sería más grande, más ambicioso y más complejo.
¿Será este crecimiento de la franquicia un sinónimo de mejora?
Contexto
El anuncio de God of War II trajo consigo una noticia sorprendente, David Jaffe, director de la primera entrega, no sería la cabeza de la secuela. Lejos de mantener una de las claves del éxito, Jaffe se apartó y dejó la posición de director a Cory Barlog.
Barlog, que había sido el animador principal del primer título, acabaría siendo uno de los nombres más importantes de la franquicia. No solo desempeñaría la dirección sino que también sería el encargado de escribir el guion.
La aventura de Barlog recibiría una enorme cantidad de premios y se consideraría una suerte de despedida para una Playstation 2 que ya veía su final próximo por la reciente llegada de Playstation 3. ¿Fueron estos premios merecidos?
Premisa
Kratos es el nuevo dios de la Guerra. Tal y como descubrimos al final de su primera aventura, la muerte no supondría un descanso para el espartano.
El Fantasma de Esparta, ahora ocupando el puesto de su antiguo enemigo, utilizará su poder de forma egoísta. Atormentado por su pasado y rechazado por el resto de dioses, Kratos decidirá apoyar a Esparta en su guerra contra Rodas.

Lejos de suponer un aumento de su divino poder, esta decisión traerá consecuencias nefastas para el dios. Herido y traicionado, deberá partir en busca de las Hermanas del Destino para cambiar su pasado. En su camino para encontrar a las Moiras, se enfrentará a nuevas criaturas, otros héroes mitológicos y antiguos enemigos. Nadie dijo que cambiar el destino fuese sencillo, ni siquiera para un dios.
Gameplay
A nivel de gameplay nos encontramos con una versión más pulida e interesante que la que disfrutásemos un par de años antes.

El combate es más fluido y el cambio entre las distintas armas es mucho más orgánico. Lejos de suponer un impedimento, el cambio de armas pasa a formar, de alguna manera, parte del propio combo. Algo similar sucede con las magias, ahora mucho más presentes y útiles que en la anterior aventura.
Los puzles mantienen un nivel similar aunque están más presentes. No son particularmente complicados y no supondrán una gran inversión de tiempo pero ayudarán a mantener el ritmo de una magnífica aventura.

Hay que destacar, eso sí, la variedad de situaciones. No hablamos de cambios entre enemigos gigantes y enemigos normales, hablamos de mecánicas completas que se usarán solo una vez en la aventura. Por ejemplo, nos encontraremos con un nivel montados en Pegaso que se acercará más a un Star Fox a melé que a un hack & Slash.
Si algo derrocha el aspecto jugable de God of War II es cariño. Un cariño inmenso.
Apartado técnico
Con el objetivo de que más gente lo jugase, se tomó una decisión extraña. God of War II se publicó con Playstation 3 ya en el mercado. Es decir, se optó por mantener la franquicia en una generación pasada en lugar de emplearla como un vendeconsolas. Esto, por motivos evidentes, implica un impacto en cuanto a gráficos, especialmente si lo comparamos con otros triple A de 2007.
Al menos, y esto hay que reconocerlo, exprimió al máximo la potencia de Playstation 2. En un alarde de capacidades técnicas, recordaba al jugador por qué Sony era, por aquel entonces, la gran líder del mercado. La forma en que el agua reacciona a nuestro movimiento, la destrucción de los escenarios o la cantidad de enemigos en pantalla podía hacer explotar más de una cabeza.
Pero, y esto hay que destacarlo especialmente, más allá de los gráficos, lo llamativo fue su nivel artístico. Lejos de mantener una estética uniforme, como sucediese en God of War, la secuela apostó por la variedad de escenarios. Desde ciudades hasta páramos helados, la aventura sacrifica esa interconexión previa por la diversidad. Todo cumple para que el periplo de Kratos se sienta global.
Lo peor
Más de lo mismo
Si bien es cierto que hay secuencias innovadoras o que todo funciona mejor, el continuismo es bastante llamativo. En ocasiones, parece más una expansión de la aventura anterior que una nueva entrega.
El aquello está forzado
Manteniendo este continuismo, el título se resiente por tener que meter el minijuego sexual de turno. En la primera aventura, este encuentro tenía lugar en el camarote de Kratos durante su regreso a Atenas. Aquí, en cambio, tiene lugar durante una batalla en la que, por algún motivo, dos chicas están dándose un relajante baño detrás de un biombo. Es una situación demasiado kafkiana, como si hubiese que tacharlo de la lista lo antes posible.
Jasón, oh Jasón
A lo largo de la franquicia, hacer sangre con personajes mitológicos se ha convertido en seña de identidad pero, por favor, lo de Jasón no tiene perdón. Mientras que Perseo, por citar a uno, implica un combate de jefe, con sus distintas fases y momentos, lo de Jasón es una humillación total y absoluta.
Al menos se convierte en uno de los pocos personajes mitológicos que no muere a manos de Kratos.

Lo mejor
La historia se toma mucho más en serio
El argumento no es muy complejo pero su forma de contarse sí que lo es. Desde el primer momento ya estamos ante giros argumentales, locuras espacio temporales y sorpresas constantes.
Si en el anterior el viaje era en línea recta, aquí hay muchas curvas y retrocesos para alcanzar uno de los cliffhangers más recordados de la historia del videojuego.
La mitología tiene mucha más fuerza

No solo nos encontraremos con dioses y monstruos clásicos, lo que ya tuvimos en el primer título, sino que Kratos compartirá escena con personajes como Perseo, Gaia, Tifón o Euríale. Los dioses, que antes solo aparecían como proyecciones, estarán presentes físicamente. Todos estos detalles contribuyen a construir un universo mucho más rico en cuanto a lore y, además, afectará directamente al gameplay.
Es interesantísimo como estos elementos hacen acto de presencia manteniendo una fuerte fidelidad a su contraparte mitológica pero ofreciendo algo nuevo. Si el primero sembraba la semilla de la curiosidad por la tradición clásica, aquí se ofrece una puerta de entrada a lo grande.
La espectacularidad constante
Comenzar siendo el dios de la Guerra es épico, pero hacerlo mientras te enfrentas al Coloso de Rodas como si de un mecha se tratase mientras matas a decenas de enemigos de las formas más gráficas posibles. Pocas formas conozco de levantar el ánimo y atrapar al jugador con tanta fuerza.

¿Lo mejor? Que el inicio es lo más suave, todo va in crescendo hasta alcanzar un clímax espectacular, de los que se recuerdan siempre.
Conclusión
Kratos vino derrochando carisma, se vendió como un antihéroe interesantísimo y se quedó por aventuras como esta.

Opiniones del autor
Si la primera aventura ya me pareció una obra magnífica, esta segunda entrega me parece, sin dudas, una obra maestra. El paso del tiempo no le ha supuesto un problema sino que ha envejecido como el vino. Kratos ya no es un Dante, Kratos se independiza de la saga que le inspiró y crea algo nuevo, algo propio.
Bendito sea el cambio en la dirección. Cory Barlog se luce con esta grandísima aventura. Una aventura que considero tan cercana a la perfección que asusta.
¿A quién le recomendaría este juego?
Si te gustó el primero, debes jugar este. En caso de que el primero no terminase de convencerte, puede que este viaje en busca de las Moiras sirva como reconciliación. Si no has entrado en la saga en ningún momento, quizá no sea el mejor para empezar pero , madre mía, incluso en esa situación es tremendamente recomendable.
